Jainismo
JAINISMO  
 

A pesar de que la población jainista de la India es cuantitativamente reducida (suman menos de un 1 % del total de los habitantes del país), su influencia se ha dejado notar enormemente durante un mínimo de 2.500 años. Una gran proporción de jainistas viven en Gujarat, pero por toda la India se les encuentra como comerciantes y mercaderes. El Mahatma Gandhi era un gujaratí muy influido por el jainismo, especialmente por la ahimsa.

 

Las similitudes existentes con el hinduismo, además de su compartido respeto por la naturaleza y su pacifismo, han contribuido al declive de la comunidad jainista por conversión al hinduismo; pero no hay ningún antagonismo entre ambas religiones.

 

Centrados en la práctica de la no violencia, o ahimsa, los jainistas siguen una rigurosa disciplina para no dañar el alma (jiva) de ningún ser ni elemento, ya se trate de hombres, animales, plantas, agua, fuego, tierra o aire.

 

Mantienen que cada jiva es pura, omnisciente y capaz de alcanzar la liberación (moksha), que les permita no tener que existir más en este universo. No obstante, las jivas se ven ofuscadas por el karma, que es una especie de materia sutil que se pega al alma, surge de la acción y liga las jivas a la existencia física.

 

Para los jainistas más ortodoxos la única manera de disociar el karma de la jiva, y por lo tanto de escapar al ciclo de muerte y reencarnación, es seguir la vía del ascetismo y la meditación, rechazando las pasiones, el pensamiento incorrecto, los apegos, la negligencia y las acciones impuras.

 

La doctrina jainista se basa en las enseñanzas de Mahavira («gran héroe»), el último de una sucesión de 24 tirthankaras («vadeadores») que, según dicen, sólo aparecen en la Tierra cada 300 millones de años. Mahavira (aproximadamente del 599 al 527 a. C) nació como Vardhamana Jnatrputra en el seno de una familia kshatrya cerca de la moderna Patna, en el noroeste de la India. Al igual que Buda, Mahavira renunció a la vida familiar a los 30 años y pasó muchos años vagabundeando como un asceta, rechazando toda posesión en un intento de superar el apego a los valores mundanos. Era totalmente contrario a los ritos cruentos y a la distinción de castas. Después de alcanzar la comprensión total y el desapego, empezó a enseñar a otros, no sobre dioses védicos y héroes divinos, sino sobre la auténtica naturaleza del mundo, y sobre los medios que se requieren para la liberación (moksha) del eterno ciclo de reencarnaciones.

 

Sus enseñanzas fueron transcritas el primer milenio a. C., y el jainismo prosperó por toda la India bajo la protección de reyes tales como Chandragupta Maurya, el abuelo de Ashoka (siglo III a. C). Poco después se produjo un cisma, en parte provocado por divisiones lingüísticas y geográficas, pero sobre todo debido a diferencias en las prácticas monásticas.

  Por un lado, los digambaras («vestidos con cielo») creían que el nudismo era una parte esencial de la renuncia al mundo; y también que las mujeres eran incapaces de alcanzar la liberación de la vida terrenal. No obstante, los svetambaras «vestidos de blanco») despreciaron el extremismo de la desnudez, incorporaron monjas a sus comunidades monásticas, e incluso reconocieron una mujer como tirthankara.
 

Hoy las dos sectas practican su culto en templos distintos, pero la cifra de digambaras desnudos es ínfima. Muchos monjes y monjas svetambara llevan máscaras blancas para no aspirar insectos, y se acompañan con una escobilla con la que a veces barren el suelo que pisan; ninguno de ellos utiliza el transporte público, y a menudo pasan días o semanas caminando descalzos de camino a un lugar de peregrinación.

 

Los cabezas de familia que son jainistas practicantes hacen voto de evitar causar daño, incurrir en la falsedad, robar (que se extiende también al comercio deshonesto), ser infiel y tener deseos terrenales.

 

Los templos jainistas exhiben maravillosos ornamentos; los pilares, soportes y capiteles están tallados por silavats y toman forma de voluptuosas mujeres acompañadas de hombres de mayestático pene erecto, músicos, santos e incluso divinidades hinduistas

 

El símbolo de la esvástica que aparece con frecuencia en los suelos de mármol es central en el jainismo y representa los cuatro estados de reencarnación como dioses, humanos,   seres infernales" o animales y plantas.

 

El culto que se practica en los templos consiste en oraciones y puja delante de las imágenes de los tirthankaras; el devoto deambula alrededor de la efigie, canta versos sagrados y hace ofrendas de flores, pasta de sándalo, arroz, dulces e incienso.

 

Es frecuente ayunar cuatro veces al mes los días denominados parvan (sagrados), los días octavo y decimocuarto del mes, coincidiendo con la luna creciente y menguante. Al mismo tiempo que se reduce el apego al cuerpo, el ayuno también emula la muerte (durante la meditación), o sallekhana, lo cual es asumido entre mendigos jainistas como el rechazo final al deseo, y a la vez, como una manera bastante apacible de acabar la vida terrenal. En la actualidad los ricos jainistas ya no hacen templos sino centros con fines sociales.

 

Para ingresar en una comunidad monástica, los jainistas laicos deben superar once pratimas, empezando por las rectas creencias, profesión de votos, ayuno y continencia, y culminando en la renuncia a la vida familiar. Una vez convertido en monje o monja, el jainista pretende clarificar su comprensión mediante técnicas de meditación, con la esperanza de extinguir las pasiones y desligarse del karma y del deseo; e inicia un ciclo espiritual de catorce etapas (gunasthanas) que le hará resurgir como un ser iluminado y omnisapiente. Sin embargo, sea cual fuere el estilo de vida que lleven, si monástica o laica, los jainistas admiten lo extraordinario de la iluminación, por lo que la finalidad de las prácticas religiosas es, en general, alcanzar un nivel en la próxima vida más conducente a la realización espiritual.

 

Los lugares de peregrinación se denominan tirthas, sin que el nombre haga referencia al sentido literal de “vado de un río", que es sagrado a los hinduistas debido a la naturaleza purificadora del agua. En uno de los tirthas svetambara más preeminentes, Shatrunjaya, en Gujarat, se observan más de 900 templos en la cima de una misma montaña, la cual, según se cuenta, fue visitada por Rishabha, el primer tirthankara, y fue además el lugar donde se cree que Rama, Sita y los hermanos Pandava (integrados a la tradición jainista) se ganaron la salvación. Un tirtha digambara de gran relevancia es el Shravan Belgola en Karnataka, donde una efigie de 17 m de altura que representa a Bahubali (reconocido como el primer ser humano que ganó la liberación), y que se encuentra en la cima de un monte, es ungida durante la colosal festividad de abhisheka que tiene lugar cada 12 años.

 

A través de un proceso de análisis filosófico extremamente complicado conocido como Anekanatavada (“polifacetismo"), el jainismo toca cada uno de los aspectos de la existencia, la permanencia y el cambio desde siete puntos de vista diferentes, coincidiendo con su idea de que todo puede contemplarse desde un número infinito de perspectivas válidas. De este modo, la doctrina mantiene que es capaz de eliminar el fundamento intelectual de la violencia, al evitar los posibles peligros que supone sostener un solo punto de vista. En este sentido, el jainismo tolera otras filosofías religiosas, y además ha adoptado, con ligeras reinterpretaciones, varias celebraciones y prácticas hinduistas.

LOS 24 TIRTHANKARAS  
  1       Adinath/Rishabha
  2      Ajitanath
  3       Sambhava
  4       Abinandana
  5       Sumati/Suminath
  6       Padmaprabha
  7      Suparsva
  8      Chandraprabha
  9      Puspadanta
  10     Sitala
  11     Sreyansa
  12     Vasupujya
  13     Vimala
  14     Ananta/Anantajita
  15     Dharma
  16     Santi/Shantinath
  17     Kunthu
  18     Ara
  19     Malli
  20     Munisuvrata
  21     Nami
  22     Nemi/Neminath
  23     Parshva/Parshvanath
  24     Mahavira
  Cada Tirthankara es el gurú de cada ciclo cósmico. Cada ciclo cósmico tiene una duración de 300 millones de años. Sólo habrá 24 ciclos cósmicos. Tras el último llegará el fin del mundo.